lunes, 14 de septiembre de 2015

ANÁLISIS

Querer lo mejor para los hijos se ha convertido en una fuente de angustia, de realizar grandes gastos en diferentes temas como educación, diversión y salud, entre otros. Pero se cría una generación caprichosa, agresiva y encerrada en sí misma. No se ha conseguido una limitación de los miembros de la familia en una sociedad más altruista y generosa, sino lo contrario. Es decir, el problema de la sobrepoblación mundial importa un bledo a quienes no desean limitar su descendencia por diferentes situaciones. Lo que nos lleva a un cuestionamiento:
¿Son los humanos “una plaga”, como sostiene Attenborough?
No hay exceso de población, sino una distribución desigual de habitantes y recursos, puede ser un pensamiento a esa pregunta pero lo que sí se sabe es que nunca antes en la Historia del mundo se había vivido un crecimiento de la población como ahora. El rápido crecimiento demográfico se ha convertido en una de las situaciones más cuidadosas a los que ha debido hacer frente el planeta y donde la mayoría de países desarrollados han logrado contener o al menos ralentizar dicho crecimiento gracias a las mejoras y los cambios económicos, sociales, culturales, etc. Éste no ha sido el caso de los países en vías de desarrollo, muchos de los cuales han visto cómo su población se doblaba en los últimos años. De todos ellos, dos han adquirido recientemente el estatus de potencias económicas y, a diferentes velocidades, ambos buscan alcanzar a las naciones más desarrolladas, estos dos países, China e India, el primero con unos 1367 millones de habitantes y el segundo con 1267 millones a mediados de 2014. Pero vamos con China. Su población represente el 24% de todas las personas que viven en la Tierra pero sólo posee el 6,4% del territorio en el mundo. 24% gente Vs 6,4% terreno. Esto sí es un problema.
El economista más famoso en relación con los problemas, que atañe una sobrepoblación para la economía mundial, es el economista inglés y filósofo Thomas Malthus quien basaba su teoría en el crecimiento limitado de la población y el agotamiento de los recursos naturales. Con un desorbitado crecimiento de la población, sin control, los recursos naturales de la tierra se agotarían. El factor tierra es limitado y, por tanto, congestionable. Los recursos naturales, los alimentos que da la tierra no soportarían un crecimiento “geométrico” de la población. Todo esto lo plasmó en un libro que publicó en 1798.
Su herencia fue el nacimiento de economistas llamados “neomalthusianos” que son más radicales en el plano social. Más nacimientos de hijos en familias numerosas sin recursos haría que aumentara la miseria de la población con lo que causaría problemas de convivencia y revoluciones sociales. Pero después de décadas del terror de esos pensamientos a una sobrepoblación que consumiera sus recursos, China puede estar ahora enfrentando otro problema: la incapacidad de aumentar las tasas de fertilidad en un país con cada vez más ancianos. La política del hijo único está abriendo fisuras en la economía a causa de la presión sobre el sistema de pensiones y de la inminente caída en el número de personas en edad de trabajar.
La política demográfica tiene que ser global, pero establecerse en lo concreto según criterios de reparto de las diversas poblaciones. Tener en cuenta el déficit generacional de los países ricos y el exceso de nacimientos en los menos desarrollados. También la dispersión ciudad-medio rural, equilibrio éste muy importante. Los datos de que se disponen para este cometido son que las crisis económicas favorecen la disminución de población, lo que además se agudiza cuando desemboca en conflictos armados. Pero evidentemente esta manera sintomática no puede convertirse en un método. Sería lo mismo que para disminuir la diabetes en la población se hicieran guerras, ya que tras las acciones bélicas, los cinco años posteriores se comprueba que disminuye el número de estos casos. Y como apoya E. Sauoma, exdirector de la FAO ha comprobado que la tesis malthusiana se ha invertido: la producción alimentaria mundial ha crecido más deprisa que la población. Lo que quiere decir que la solución hay que buscarla no en cantidad de productos, sino formas de organización social y modelos económicos que permitan de una manera espontánea y libre el equilibrio de una población estable.
Olivier Longué, director general de la ONG Acción contra el Hambre, niega la mayor: la relación directa entre exceso de población y hambre. “El Sahel tiene una densidad de población bajísima, y sin embargo periódicas y graves hambrunas. En un país donde hay democracia no hay hambre; Japón tiene 127,3 millones de habitantes y no pasan hambre”. En el precario equilibrio entre factores tan volátiles como los que componen la ecuación hambre por falta de cosecha por falta de lluvia, hay factores incidentales que dan un vuelco al escenario, “como la guerra o un desastre natural, que son elementos de ruptura” de la balanza. La hipotética sobrepoblación, pues, funcionaría como el sistema de las matrioskas rusas: el factor demográfico encierra dimensiones como la ecología —el ecosistema humano—, la economía o incluso los derechos humanos, cuando no la amenaza del cambio climático, un fenómeno que no solo hay que leer en clave ambiental. Con la compra masiva de tierras en África, China está introduciendo un desequilibrio fatal en las sociedades nativas. “De Madagascar a Sudán, en connivencia con los Estados locales, la compra de tierra por los chinos para combatir su sobrepoblación pero provoca el desplazamiento de poblaciones que se quedan sin tierras que cultivar. Son poblaciones que antes se alimentaban de una forma más o menos modesta, pero que al menos podían abastecerse”. Los grandes movimientos migratorios de la población mundial afectan a un 2% de la Humanidad. Lo cual hace que se eleve un muro entre el primer y el tercer mundo, un muro de contención con fuerzas armadas que impidan los flujos cada vez más masivos de inmigraciones. O se ponen medios o es incontenible. Lo cual exige el desarrollo de las poblaciones más en precario con economías dinámicas y la ralentización de las economías más ricas. Lo importante es introducir dinámicas que estabilicen de manera equilibrada ambos bandos del desarrollo económico y de población. Todo lo que no vaya por este camino es un brindis al sol.

Si no se enlaza este problema mundial con una visión más amplia se condonara una problemática con otra, bajo unas condiciones precarias de desarrollo económico y político, el asunto acaba en un callejón sin salida. Las medidas humanitarias se convierten en meros adornos sin una función general que sirva para responder a una situación estructural que puede minar, antes o después, las bases del mundo global.









Cibergrafia y enlaces de interes

http://www.experienciaenchina.com/cuanta-poblacion-puede-soportar-china/

http://elcomercio.pe/mundo/asia/china-politica-hijo-unico-cambiaria-despues-36-anos-noticia-1802104

http://ssociologos.com/2013/02/11/la-maldicion-de-malthus-el-exceso-de-la-poblacion/

http://ramiropinto.es/libros-ramiro-pinto/renta-basica/indice/sobre-stuart-mill/superpoblacion/


http://mexico.cnn.com/mundo/2010/09/25/china-evito-el-nacimiento-de-400-millones-de-personas-con-el-hijo-unico