Querer lo mejor para los
hijos se ha convertido en una fuente de angustia, de realizar grandes gastos en
diferentes temas como educación, diversión y salud, entre otros. Pero se cría
una generación caprichosa, agresiva y encerrada en sí misma. No se ha conseguido
una limitación de los miembros de la familia en una sociedad más altruista y
generosa, sino lo contrario. Es decir, el problema de la sobrepoblación mundial
importa un bledo a quienes no desean limitar su descendencia por diferentes
situaciones. Lo que nos lleva a un cuestionamiento:
¿Son los humanos “una
plaga”, como sostiene Attenborough?
No hay exceso de
población, sino una distribución desigual de habitantes y recursos, puede ser
un pensamiento a esa pregunta pero lo que sí se sabe es que nunca antes en la
Historia del mundo se había vivido un crecimiento de la población como ahora.
El rápido crecimiento demográfico se ha convertido en una de las situaciones
más cuidadosas a los que ha debido hacer frente el planeta y donde la mayoría
de países desarrollados han logrado contener o al menos ralentizar dicho
crecimiento gracias a las mejoras y los cambios económicos, sociales,
culturales, etc. Éste no ha sido el caso de los países en vías de desarrollo,
muchos de los cuales han visto cómo su población se doblaba en los últimos
años. De todos ellos, dos han adquirido recientemente el estatus de potencias
económicas y, a diferentes velocidades, ambos buscan alcanzar a las naciones
más desarrolladas, estos dos países, China e India, el primero con unos 1367
millones de habitantes y el segundo con 1267 millones a mediados de 2014. Pero
vamos con China. Su población represente el 24% de todas las personas que viven
en la Tierra pero sólo posee el 6,4% del territorio en el mundo. 24% gente Vs
6,4% terreno. Esto sí es un problema.
El economista más famoso
en relación con los problemas, que atañe una sobrepoblación para la economía
mundial, es el economista inglés y filósofo Thomas
Malthus quien basaba su
teoría en el crecimiento limitado de la población y el agotamiento de los
recursos naturales. Con un desorbitado crecimiento de la población, sin
control, los recursos naturales de la tierra se agotarían. El factor tierra es
limitado y, por tanto, congestionable. Los recursos naturales, los alimentos
que da la tierra no soportarían un crecimiento “geométrico” de la población.
Todo esto lo plasmó en un libro que publicó en 1798.
Su herencia fue el
nacimiento de economistas llamados “neomalthusianos” que son más radicales en
el plano social. Más nacimientos de hijos en familias numerosas sin recursos
haría que aumentara la miseria de la población con lo que causaría problemas de
convivencia y revoluciones sociales. Pero después de décadas del terror de esos
pensamientos a una sobrepoblación que consumiera sus recursos, China puede
estar ahora enfrentando otro problema: la incapacidad de aumentar las tasas de
fertilidad en un país con cada vez más ancianos. La política del hijo único
está abriendo fisuras en la economía a causa de la presión sobre el sistema de
pensiones y de la inminente caída en el número de personas en edad de trabajar.
La política demográfica
tiene que ser global, pero establecerse en lo concreto según criterios de
reparto de las diversas poblaciones. Tener en cuenta el déficit generacional de
los países ricos y el exceso de nacimientos en los menos desarrollados. También
la dispersión ciudad-medio rural, equilibrio éste muy importante. Los datos de
que se disponen para este cometido son que las crisis económicas favorecen la
disminución de población, lo que además se agudiza cuando desemboca en
conflictos armados. Pero evidentemente esta manera sintomática no puede
convertirse en un método. Sería lo mismo que para disminuir la diabetes en la
población se hicieran guerras, ya que tras las acciones bélicas, los cinco años
posteriores se comprueba que disminuye el número de estos casos. Y como apoya
E. Sauoma, exdirector de la FAO ha comprobado que la tesis malthusiana se ha
invertido: la producción alimentaria mundial ha crecido más deprisa que la población.
Lo que quiere decir que la solución hay que buscarla no en cantidad de
productos, sino formas de organización social y modelos económicos que permitan
de una manera espontánea y libre el equilibrio de una población estable.
Olivier Longué, director
general de la ONG Acción contra el Hambre, niega la mayor: la relación directa
entre exceso de población y hambre. “El Sahel tiene una densidad de población
bajísima, y sin embargo periódicas y graves hambrunas. En un país donde hay
democracia no hay hambre; Japón tiene 127,3 millones de habitantes y no pasan
hambre”. En el precario equilibrio entre factores tan volátiles como los que
componen la ecuación hambre por falta de cosecha por falta de lluvia, hay
factores incidentales que dan un vuelco al escenario, “como la guerra o un
desastre natural, que son elementos de ruptura” de la balanza. La hipotética
sobrepoblación, pues, funcionaría como el sistema de las matrioskas rusas: el
factor demográfico encierra dimensiones como la ecología —el ecosistema humano—,
la economía o incluso los derechos humanos, cuando no la amenaza del cambio
climático, un fenómeno que no solo hay que leer en clave ambiental. Con la
compra masiva de tierras en África, China está introduciendo un desequilibrio
fatal en las sociedades nativas. “De Madagascar a Sudán, en connivencia con los
Estados locales, la compra de tierra por los chinos para combatir su
sobrepoblación pero provoca el desplazamiento de poblaciones que se quedan sin
tierras que cultivar. Son poblaciones que antes se alimentaban de una forma más
o menos modesta, pero que al menos podían abastecerse”. Los grandes movimientos
migratorios de la población mundial afectan a un 2% de la Humanidad. Lo cual
hace que se eleve un muro entre el primer y el tercer mundo, un muro de
contención con fuerzas armadas que impidan los flujos cada vez más masivos de
inmigraciones. O se ponen medios o es incontenible. Lo cual exige el desarrollo
de las poblaciones más en precario con economías dinámicas y la ralentización
de las economías más ricas. Lo importante es introducir dinámicas que
estabilicen de manera equilibrada ambos bandos del desarrollo económico y de
población. Todo lo que no vaya por este camino es un brindis al sol.
Si no se enlaza este
problema mundial con una visión más amplia se condonara una problemática con
otra, bajo unas condiciones precarias de desarrollo económico y político, el
asunto acaba en un callejón sin salida. Las medidas humanitarias se convierten
en meros adornos sin una función general que sirva para responder a una
situación estructural que puede minar, antes o después, las bases del mundo
global.
